lunes, 13 de octubre de 2014

Cronica de Indias


Cronica de Indias

Porque se viaja, se cuenta historias. Hay quienes dicen, incluso, que sólo se viaja para contar. La cultura de América, empieza con el deseo de viajar: Viajar es salirse de uno mismo; como se dice, estar “sacado”: llegar a un lugar diferente, lo otro, América se constituye lo otro respecto de Europa y Europa es lo otro en el imaginario americano.
¿Qué se hace con ese otro que se encuentra? Se arman teorías, se intenta describir lo que se conoce con respecto de lo ya conocido. O, por el contrario, lo nuevo modifica la realidad conocida. La tercera opción es el viaje a la luna: allí no hay nada, no hay lo otro. Hay un espacio americano que se resiste, culturalmente, a ser aprehendido. Hay un tiempo americano que oprime como una pesadilla el paisaje y los cuerpos, la memoria y el sueño. Y hay ciudades. América es la historia de un viaje y de la construcción de ciudades utópicas. La historia política de América, incluso, tiene que ver con la interpretación de los espacios: la selva, el río, el desierto, la ciudad y la montaña han sido agentes políticos durante dos siglos. Pero además está el otro, el amo de América, y su mirada, muchas veces delirante, puesta sobre América Latina, también puede entenderse como una obsesión por el espacio americano: una obsesión territorial y una obsesión, seguramente, bélica.
Lo cierto es que América existe porque se viaja. Viajar, estar sacado. Lo mismo, en fin, que la literatura: la literatura americana, como ninguna otra, es una literatura del viaje. Desde los textos del descubrimiento y los viajeros hasta la ciencia ficción y la road movie, siempre, siempre, hay un viaje: un punto de fuga.
Los viajes de Colón estuvieron guiados por un interés económico: encontrar una ruta hacia el sur de Asia. Lo que no sabían en aquella época es que existía el océano Pacífico, por eso Colón creyó que estaba en las Indias Orientales cuando llegó a nuestro continente. Después de más de dos meses de navegación, Colón y los 87 tripulantes de las tres naves divisaron tierra (tengan en cuenta que la velocidad promedio de navegación era de 160 km por día dependiendo de los vientos y que hay aproximadamente 6500 km entre Lisboa y las islas Bahamas). El mapa más antiguo que se conserva de esta zona fue obra de Juan de la Cosa, quien acompañó a Colón en varios de sus viajes.





 El encuentro entre las dos culturas, la europea y la indígena, quedó registrado en las crónicas escritas por los conquistadores, conocidas como crónicas de Indias, en alusión al momento original con el cual se designó a estas tierras desde que Colón emprendió su primer viaje.
Ya en sus Cartas y en El diario del primer viaje, el navegante genovés se ocupó de dejar testimonio de su desembarco en estas tierras y de sus habitantes.



Entre 1519 y 1526, Hernán Cortés, el militar español que llevó adelante la conquista de México, escribió las cinco Cartas de relación. Dirigidas al rey Carlos V, Cortés narra la toma de la ciudad de Tenochtitlan y la captura del emperador Moctezuma, justificando sus acciones contra los aborígenes.
En cambio, con una postura defensora de los indígenas frente al abuso del colonialismo, el español Fray Bartolomé de las Casas escribió su Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Allí informa de los delitos cometidos en varias provincias por los gobernantes españoles.
Así, en los numerosos textos que conforman las crónicas de Indias, la mirada del hombre europeo, más precisamente del español, recae sobre el indígena. El indio, el aborigen, el nativo de estas tierras es siempre “el otro”, un ser desconocido y diferente del hombre blanco, que podrá ser atacado y dominado o bien, en contadas ocasiones, defendido. A  veces, se lo presenta como un “salvaje” que, desde el punto de vista del hombre blanco, desconoce normas o conductas básicas. En otras ocasiones es un fiel servidor, pacífico y amigable, que se ofrece a guiar al español a través de senderos desconocidos o ríos de difícil acceso.
El continente que se llamaría América era un nuevo y desconocido territorio para los europeos, poblado por personas con una fisonomía diferente de la de ellos, que hablaban lenguas diferentes de las de ellos y que tenían una cultura diferente de las de ellos. Diferente no implica ningún juicio de valor. Lástima que los conquistadores no lo entendieron así… y en vez de respetar las diferencias, intentaron eliminarla. En esa lucha desigual entre el europeo invasor y el nativo mucho se perdió: vidas, lenguas, cultura.

Muchos de los que llegaron a estas tierras escribieron notas sobre lo que encontraban, sobre lo que iba sucediendo; a esos textos se los llama crónicas de Indias porque relatan hechos en orden cronológico, es decir, en sucesión temporal y porque ellos creían que habían llegado a las Indias Orientales. Las crónicas son similares a los diarios pero estos son más subjetivos porque el autor/narrador es el protagonista que va relatando los hechos a medida que suceden y registrando las emociones.

Cronistas oficiales de Indias: El cargo de cronista de Indias se inicia con la documentación reunida por Pedro Mártir de Anglería, que pasa en 1526 a Fray Antonio de Guevara. Juan López de Velasco sigue los papeles del cosmógrafo mayor Alonso de Santa Cruz. Antonio de Herrera es nombrado cronista mayor de Indias en 1596, y publica entre 1601 y 1615 la Historia general de los hechos de los castellanos en las islas y Tierra Firme del mar Océano, conocida como Décadas. Antonio de León Pinelo (recopilador de las leyes de Indias), Antonio de Solís y Pedro Fernández del Pulgar cubrieron el cargo durante el siglo XVII. En el siglo XVIII, se crea la Real Academia de la Historia, que trabaja paralela al Archivo General de Indias. Destaca en esta etapa Juan Bautista Muñoz  con su Historia del Nuevo Mundo, que quedó incompleta.


Cronistas destacados: Bernal Díaz del Castillo, Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Inca Garcilaso de la Vega, Pedro Cieza de León, Hernán Cortés, López de Gómara, Diego Durán, Francisco Ximénez, Fray Toribio de Benavente, Fray Bernardino de Sahagún, Fray Francisco Vásquez.

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